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Nov

La Sutileza de una voz Poética. “EL MUNDO”

Desde el alma hasta la boca

Ciclo: Jueves Flamencos / Concierto: Estreno de ‘Desde el alma hasta la boca’, de Rocío Bazán / Guitarra: Manuel Herrera / Baile: David Pérez / Percusión: Raúl Botella / Lugar y fecha: Sala Joaquín Turina, de la Fundación Cajasol. 21 de noviembre de 2013. Calificación: Tres estrellas.

Crítica por Manuel Martín Martín

Un recital de cante es siempre un misterio porque no sabemos lo que va a suceder, pero también una oportunidad idónea para constatar la progresión y madurez artísticas, que es lo que ha permitido el estreno de ‘Desde el alma hasta la boca’, donde Rocío Bazán,
aquella voz que se alzó con el concurso de jóvenes intérpretes de la Bienal 2002, ha triunfado buscando más la inmortalidad del alma que la perpetuidad del cante.

La esteponera se ha llevado a ilustres poetas a su terreno a fin de constatar que el alma flamenca es el componente espiritual de los estilos, tal y como puso de manifiesto en el zorongo lorquiano, en la serrana de Antonio Murciano o en la guajira con versos
de Rafael Alberti (‘Elegía al niño marinero’) y el baile esplendoroso de David Pérez, cantes que demandan sonoridades intensas pero que requieren la sutileza del fraseo y el matiz, con melodías que pusieron al descubierto la consabida valía de la guitarra de Manuel Herrera, pero que no se dejaron confundir por la presión de cantar en Sevilla.

En efecto. Bazán continuó evocando a Miguel Hernández con la petenera y situó la poética de Carmen Aguirre entre los abandoláos para el baile de Pérez, en los que encadenó la rítmica de los estilos a fin de mantenerlos vivos, para luego abordar la soleá con letras de Manuel Altolaguirre pero con la firme intención de poner de relieve por qué el alma de las variantes, junto con la letra y la música, constituyen la esencia del flamenco.

Rocío Bazán nos llevaba, pues, al convencimiento de que el alma constituía el principio vital de la acción flamenca, lo que trató de justificar al perpetuar a Marifé de Triana por bulerías (‘Torre de arena’), donde los miedos sí chocan con los anhelos cuando de desenterrar los recuerdos se trata, contrastando, sin embargo, con los martinetes biográficos de cierre y letras de propio cuño, encarados con una loable demostración de alta técnica y enjundia musicalidad.

Pero más allá del análisis expresivo, hay que resaltar que las sonoridades de Rocío Bazán han crecido en afinación pura, con timbres muy ajustados e interpretaciones emocionales despojadas de toda teatralidad y circunscritas a un marco de precisión tonal, lo que eleva el mérito de una propuesta que si se vale de la voz en ‘off’ y fotos proyectadas no es sólo para que la poética sea entendible, sino para sobreponerla a la idea del mero recital merced al color armonioso de su impronta, con fragmentos que parecieron esencialmente de alta inspiración.